TRIATLÓN CROS DE DUEÑAS

¿Conoces esa sensación de hormigueo cuando estás nerviosa? El cosquilleo que te sube desde el estómago hasta la garganta y no te deja parar ni pensar, y te sientes hiperactiva, los minutos se convierten en horas y quieres que llegue ya la cita. Así me sentí yo el sábado pasado. Apenas dormí y no pude descansar pero estaba feliz. Tenía ganas de que llegara el citado momento porque, aunque casi improvisado, era tan especial como esperado.

Me fui a Dueñas (Palencia) para hacer mi primer Triatlón Cros Super Sprint. En concreto, 300m de natación, 13km en bici BTT y 2,5km de carrera que disfruté como una enana. Sin duda, lo que más me producía esa sensación de cosquilleo era el sector de natación. Nadar es un deporte maravilloso, pero no es lo mismo hacerlo en una piscina que en un río o mar y en aguas abiertas el agobio que siento suele ser constante. El río Pisuerga es mi lugar de entrenamiento durante el verano y puedo asegurar que a 10 centímetros ya no se ve nada, no sabes lo que tienes debajo, cuantos metros cubre si “algo” te puede tocar… siento que el camino de entreno es inmenso y siempre tengo ganas de acabar. Pero quien algo quiere algo le cuesta y si tienes como objetivo practicar triatlón hay que aprender a superar ese miedo. Eso sí, la prueba no fue en el río y todavía estoy dando gracias a algún ser superior porque pese a que nunca había nadado en un canal, lo que sentí superó todas mis expectativas. Corriente a favor, hacer pie, bastante más limpio y ese reducido tamaño de orilla a orilla hicieron que me sientiera más cómoda. Por poner un pero, el agua estaba como un cubito de hielo y no tenía neopreno pero no me importó, hasta dar la salida siempre hay gente con la que charlas, te anima, intentas entrar en calor y por qué no, das unas brazadas en sentido contrario a la corriente, de estas que utilizas toda tu fuerza para avanzar y en realidad apenas te mueves del sitio.

Del agua salí entera, no sé cuanto tiempo nadé -quizá 5 minutos- que se me pasó más rápido que Quicksilver en los Vengadores. De ahí a la transición y con casco, gafas y zapatillas ya puestas monté en la bici sin pensar. 300 metros más adelante desee estar en mi casa, con el ventilador, tumbada en el sofá. Un cuesta sacada del mismísimo infierno se cernía sobre mis ruedas. Venga pensé, tú puedes, pero no pude. Las piernas no daban más de sí -¡ay fuerza, ¿dónde te quedaste?!- y los triatletas que me pasaban se sucedían constantemente.

 

¡Ah! y sin haber comprobado, antes de empezar, los cambios de mi bici me había ido tan tranquila a Dueñas ¡genial!. Cuando conseguí entrar en llano y cuando ya no veía a nadie a mi alrededor, el plato grande dedidió hacer de las suyas. Ahí se quedó estancado y no quería cambiar. Me harté a dar pedales y a avanzar a golpes. De esto, que llegaba por el kilómetro 8 y el último corredor me pasó, ¡él si estaba haciendo una buena técnica! Así que el coche escoba me cogió. Llamo coche escoba a un grupo de ciclistas que si no llega a ser por ellos, lo mismo todavía seguía dando pedales por el canal, perdida, intentando cambiar el plato. Me hablaban, me animaban, me daban consejos, y dos kilómetros más tarde lo logré, cogí la velocidad que necesitaba y continué por ese camino empedrado que circulaba a lo largo del canal junto a la arboleda verde y amarillenta de una tarde de verano.

Cuando por fin vi que ya entraba de nuevo en el pueblo, me armé de valor e intenté con rapidez despojarme de los bártulos para zancada tras zancada, alcanzar por lo menos al penúltimo. ¿Te acuerdas de que había una cuesta del demonio al inicio del sector de bicicleta? Esa misma cuesta seguía ahí esperándome, riéndose de mí y llamándome floja por haberla subido más despacio que un caracol asmático. Y la subí, con mucha menor complicación y también la bajé. De hecho, la bajé tan rápido que cuando me dí cuenta ya había completado los 2,5km y sí, no llegué última, algún rezagado entró detrás mi, pero yo feliz, por apuntarme, por ir, por correr, por terminar.

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5 comentarios

  1. Enhorabuena de nuevo María!!
    Siempre hace ilusión leer que alguien logra aquello por lo que ha peleado bien duro, pero especialmente a mi, Patricia, me ha hecho mucha ilusión. Cuando te he leído me he sentido muy identificada con lo de la natación. En mi caso, he vuelto a la piscina después de bastantes años y lo disfruto muchísimo pero no veo el día en el que pueda disfrutar, aunque sea la mitad, en aguas abiertas. Por ponerte un ejemplo, yo en la playa cuando dejo de verme los pies entro en cólera. Así que ver que alguien como tú, con unos miedos parecidos a los míos nada en un río (en un río!!) me da esperanzas. Así que creo que eres doblemente campeona, por superar esos miedos que puede que el que no los tenga no llegue a comprender nunca, y por llegar a meta con ganas de más 🙂
    Besos guapa y a seguir trabajando así de bien, que las recompensas llegan pronto!

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  2. Muchas gracias Patricia!!! Cada vez voy a mejor en el río así que supongo que esto sea una buena noticia para ti jajaja. En el Pisuerga no se ve absolutamente nada a 15 centímetros así que imagínate como estaba las primeras veces. No me quería quitar el neopreno ni a tiros porque me sentía tapada y además floto, pero ahora prefiero nadar sin el, creo que estar ahí metida me agobiaba aún más. Espero leerte a ti algún día que también superas tus miedos aunque sea nadando en el mar que Hi se ve mejor! Un besazo y gracias de nuevo ☺️😊

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