imagen Historia de un media maratón: EDP Rock ‘n’ Roll Madrid Maratón & 1/2

Llega el momento y pasa en cuestión de escasas dos horas. Llevas desde diciembre apuntada a una media maratón que sin embargo, se ha acercado, te ha rozado y se ha ido en un visto y no visto. ¿La has preparado lo suficiente? No. ¿Por qué? imageNo sé. Pero ¿te enfrentas a ello? Sí.

Y vaya si te enfrentas: lo vives, disfrutas y sientes como te abruma una sensación de felicidad y bienestar. Lo has conseguido, has terminado la media maratón Rock ‘n’ Roll Madrid. Has dejado atrás 21 kilómetros y algunos metros más de regalo cumpliendo el objetivo de bajar de dos horas, con cabeza y sin obsesionarse.

La media empezaba el domingo a las 9 de la mañana pero la carrera hacia ella lo hacía el día antes, en una genial feria del corredor. Como si de un parque de atracciones se tratara, intenté montarme en casi todo lo que pude. Con comida incluida en una ‘pasta party‘, la horas pasaban como si fueran segundos. Cuando me quise dar cuenta eran las 6 de la tarde y estaba reventada. Todo el día de aquí para allá, un sube y baja similar al que iba a vivir al día siguiente.

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Mientras esperaba a que llegaran las 9, miré, observé mi alrededor. Había miles de corredores nerviosos, preparados para afrontar diferentes distancias, cada uno con sus particulares objetivos, sus peculiares retos. Fotos por aquí, por allá y con presura llegaron las 8:30 que significaba el comienzo de los 10km. Los primeros ya salían así que llegaba el momento de colocarse en el cajón dos.

Preparados, listos y…ya. Ya está. Estás corriendo, entre multitud de personas, el calor del público te arropa y la gente de tu alrededor te lleva, lentamente pero te lleva para que seas incapaz de parar. Vas a un ritmo moderado, quieres hacerlo bien, rápido, pero con cabeza, no sin dejar de disfrutar cada segundo, cada pisada.

Los primeros km voy despacio, son un falso llano hasta pasar las torres KIO, apenas voy contando los kilómetros aunque sí voy oyendo como los relojes lo hacen al unísono en cada uno de ellos. Hay subidas largas, larguísimas, pero también hay bajadas y aprietas. Aprovechas que vas bien de pulsaciones para hacer algún km por debajo de 5, en esas rectas que no tienen fin pero que van hacia abajo. E intentas soltar piernas y brazos cuando llegas por la mitad. De vez en cuando escuchas bandas tocando el famoso rock and roll y te animas aún más. A partir del 14 ya hay menos corredores a tu lado, ya no están los de la maratón, no hay liebres a tu alrededor, ni la ves adelante ni atrás pero calculas cuanto te queda para meta sin tener en cuenta la cuesta que sube a la puerta de Alcalá.

Es el kilómetro 19 y empiezas a subir. No te dan las piernas, las notas como bloques, y el ritmo merma. No puedo avanzar más rápido pero pienso que está hecho, no queda nada para terminar.

El Retiro está a mi derecha y empieza a oler a meta. Una vez que entro me vengo arriba, vuelve a ser una bajada, la gente aprieta, te va dejando atrás y no quiero permitirlo. La veo. Está ahí, al fondo. El público grita, aplaude, hace calor y sin darte cuenta has cruzado y terminado, tienes una bolsa y una medalla colgada del cuello. Ando y sonrío. Miro el reloj y el reto está conseguido: 1hora 54minutos de puro disfrute. Estoy en una nube, he corrido sin parar 21,400 metros, impensables hace unos años para mí.

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